VIOLADORES DEL OCASO

Hoy he presenciado

el asesinato

de un atardecer.

He contemplado el sol caer 

de rodillas en el mar, 

salpicar el cielo 

con su sangre, 

acribillado por ráfagas 

de instantáneas programadas,

a la caza de un rostro

que no miraba nadie.

He visto su luz violada

por troyanos de bolsillo,

hecha prisionera

entre un gato y un café,

maquillada a golpe de algoritmo

y ahogada en fajas de etiqueta, 

despojada de su nombre 

por tan sólo un corazón.

He escuchado a su último aliento

pedirle al viento que lo lleve,

que no lo alcancen redes

que engullen pescadores,

más allá de la nube

que lo oculta, más al este,

donde alguien vea, y no demuestre,

en qué lugar renacerá.

Y aquí estoy,

perpetrando

el asesinato

de un amanecer.


Este poema es un canto contra la superficialidad de la hiperconectividad, que nos desconecta de lo que nos rodea y de nuestro propio pensamiento. 
Surgió a partir de un atardecer precioso en un malecón, el cual la gente a mi alrededor y yo mismo admirábamos a través de la pantalla de nuestro teléfono móvil.


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