UN NIÑO EN MI JARDÍN

Un niño pasa a través de mí,

cruza de un lado al otro el parque

por un camino que no existe.

Me pregunta por qué vertí

mis mares en este estanque,

rebané la montaña que viste

de hierba el pulcro jardín.

Porque tuve miedo a sentir,

me congelé en un instante

ni dichoso ni triste.

Porque di los besos con fin

y las caricias con guante,

como un erial se resiste

a rendirse a un abril.

Peso cada paso que no di,

cada lágrima de fe guillotinada

en el clic de un parpadeo,

cada voz que nació para ser mil

y murió sin decir nada,

cada bestia que mutilo y espoleo

para ver si sigo aquí.

Sólo a veces, el niño aquel que fui

me suicida en su mirada

de la forma en que deseo: 

juego a ser la lluvia, a revivir

a través de tierra ahogada.

Hojarasca es cuanto riego,

pero filtra a la raíz.


Poema que reflexiona sobre los poderes de la infancia, lo que somos capaces siendo niños, y se nos arrebata en aras de no sé muy bien qué.

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