LA ISLA DE TODOS

El naufragio no te ha llevado al mar,
ni al océano, ni al ancho río.
Al contrario, te ha escupido en la sal,
en el vacío más desierto y más frío.

Y llora, llora hasta tener sed
relame las heridas con el acre
de tus lágrimas de hiel.
Que la pena un tiempo llueva
y no cierres, sino abre
la puerta a una isla nueva.

Abandonado por ti en la orilla
son olas el agua que ya no te mece
el desierto es mar y el sol ya brilla
busca una mano amiga, y si no aparece...

Pues repta, repta en línea recta
bucea hasta el fondo y después emerge
sólo para encontrar la tormenta perfecta.
Pero rema, rema sin extremo ni asa
cuanto más veloz más protege
más furiosa la marea y tu alma más mansa
tus brazos los remos y tu cuerpo será la balsa
lo que quieres tu brújula, lo que te queda... tu eje.

Por todas las ocasiones en que hemos tenido que salir solos de un agujero. Salimos heridos, exhaustos, con cicatrices. No es la mejor manera de hacerlo. A veces, la única.

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