BÚSQUEDA

Vengo de un lugar donde

en diciembre es primavera,

y cada día el amanecer

dura la vida entera.

La tristeza bajo el sol

se convierte en cera,

y en incendio que en vano espera

a que cese la lluvia,

a que deje de limpiar lo que ensucia

lo que guardamos dentro

lo que dejamos fuera.

Y sin haber salido

ya no estoy allí

no sé si me he perdido

o estoy en otro camino

sin salida, o aún por descubrir.

Vengo de un lugar donde

hay salto para cada barrera,

por cada abismo una escalera.

Esa tristeza ya es menos que nada,

una mera quimera,

y el fuego ya no es incendio sino hoguera

que me protege, me mece,

me alimenta y mira cómo crece

mi ansiedad por salir antes

de crearse la siguiente frontera.

Y sin haberme ido

todo es del mismo gris

no hay fuerza, no hay ruido

tiempo hace que sólo vivo

una perfecta indiferencia hostil.

Y no quiero que me digas

que no me he perdido

no me juzgues, no me guíes

ni me muestres el camino.

Sólo cógeme la mano

y aprieta cuando tiemble,

recógeme si caigo...

y suéltala si me hundo

antes de que te lleve.


Este poema trata de describir lo perdidos que podemos llegarnos a sentir, sin entender el cómo ni el porqué. La caída de la que a veces nos ayudan a levantarnos, y otras no.

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